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Tecnologicos|Entrevista a los responsables de Sadako

"Aunque el desarrollo tecnológico ha sido muy complejo, lo más complicado con diferencia ha sido levantar fondos"

  • La tecnología de Sadako funciona como los ojos del proyecto y el cerebro es del robot separador de residuos Max-AI
  • Su misión es aplicar todo lo aprendido en residuos urbanos a los residuos electrónicos
29/11/2018 |  Indra Kishinchand

Sadako Technologies fue fundada en 2012 con la misión de generar "Tecnología para un Mundo Mejor". Esta era la intención de Eugenio Garnica (CEO y CTO), Belén Garnica (CFO), y Javier de la Ossa, promotores de la startup.

Cada uno de ellos desarrolló su carrera por separado hasta que, en un momento dado, Eugenio, que es el principal impulsor del proyecto, se decidió a dejar su trabajo en una gran empresa de ingeniería para crear una startup tecnológica. "Entonces nos propuso a Javier y a mí unirnos a él y darle nuestro apoyo en los ámbitos de emprendeduría y financiación, que eran en los que estábamos especializados”, cuenta Belén.

Sadako nació centrada en la aplicación de tecnologías de visión por computador al sector nuclear, que era el sector del que provenía profesionalmente Eugenio. Sin embargo, al encontrar que en este sector el time-to-market hacía muy difícil la viabilidad de una startup como la suya (por la estricta regulación y la tipología de cliente) decidieron "pivotar, aprovechar los conocimientos y habilidades acumulados en visión por computador y robótica y aplicarlos a otro sector", tal y como cuenta el equipo. "Analizamos varios sectores y detectamos en la gestión de residuos una importante oportunidad social y de mercado para la introducción de nuevas tecnologías", añaden desde Sadako.

A día de hoy su tecnología de Inteligencia Artificial y Visión por Computador reúne y procesa cientos de imágenes por minuto, aplicando algoritmos de Deep Learning en tiempo real para conseguir "ver" los residuos como un humano y así poder distinguir y clasificar todo tipo de objetos. Así, sus dos grandes líneas de trabajo son:

1. La separación de residuos a través de robots.

2. La monitorización de flujos de residuos.

Sadako forma parte de InnoEnergy, uno de los principales impulsores de la innovación en energía sostenible a nivel europeo.

Vuestra misión cuando nacisteis era crear tecnología para un mundo mejor. ¿Habéis conseguido vuestro objetivo? ¿Cómo?

Sería pronto para decir que lo hemos conseguido, pero sí pensamos que estamos en el buen camino. Estamos convencidos de que la tecnología de detección de residuos que hemos desarrollado contribuirá decisivamente a que las plantas de tratamiento de residuos reciclen más y mejor, y con ello se podrá evitar que millones de toneladas de materiales valiosos acaben en vertederos o en la naturaleza. Una gestión más eficiente de residuos es un paso necesario para un planeta más limpio y eficiente y la nuestra es una aportación que creemos será relevante en ese sentido.

¿Cómo queréis seguir haciéndolo? ¿Qué nuevas funcionalidades tenéis en mente?

Por un lado, queremos "exprimir" la tecnología en el sector residuos, y por ello tenemos un amplio pipeline de desarrollo de soluciones para plantas de tratamiento de residuos, desde la monitorización de flujos para optimización de las plantas (proyecto financiado por el programa Horizon2020 de la Comisión Europea), hasta la detección y también manipulación inteligente de residuos eléctricos y electrónicos. El e-residuo es una de las fracciones de mayor crecimiento y que contiene materiales de mayor valor, aunque su extracción es hoy muy manual y costosa, y eso hace que en muchas ocasiones su reciclaje no sea económico. Queremos aplicar todo lo aprendido en residuos urbanos a los residuos electrónicos, para que puedan ser clasificados y manipulados de modo más automático y así la decisión de reciclarlos sea no sólo la más respetuosa con el medio ambiente, sino también la más rentable.

Otro de vuestros fines es que el reciclaje sea más eficiente y sostenible, ¿qué creéis que fallaba? ¿Qué aportáis vosotros a este panorama?

Hoy en día, las plantas que gestionan residuos no pueden recuperar la totalidad de materiales valorizables que procesan (plásticos de tipo PET, PEAD, botellas de vidrio o de aluminio, etc.). Con la tecnología actual y el trabajo manual, en muchas ocasiones recuperar más material no es coste-eficiente (la recuperación incremental tiene un coste superior al valor de lo recuperado). Esto significa que una cantidad enorme de materiales que podrían reciclarse transformándose así en recursos, se están enviando a incineración o a vertedero, y ello comporta un despilfarro de recursos y daños medioambientales muy altos. El sector tuvo una inyección tecnológica importante en los años 90 con la aparición de los clasificadores ópticos (basados en detección por infrarrojos), pero aún quedaba margen para una tecnología como la nuestra que complementara a esos clasificadores, evitando que haya personas en contacto directo con la basura en las plantas, y ayudándolas a separar más material, con mayor pureza y a un coste adecuado.

¿Por qué decidisteis aplicar la Inteligencia Artificial en vuestra idea? ¿Qué ventajas tiene?

La aplicación de Inteligencia Artificial ha sido una necesidad más que una opción. De hecho empezamos intentando reconocer residuos con técnicas convencionales de visión de computador, pero el residuo es por naturaleza un flujo de enorme heterogeneidad y complejidad y solo mediante los avances en Inteligencia Artificial y más concretamente en Deep Learning aparecidos en estos últimos años hemos podido llegar a tasas de rendimiento y precisión suficientes. El estudio, adaptación y aplicación de esos avances en IA generados en universidades y centros tecnológicos de todo el mundo ha sido nuestro principal trabajo de desarrollo en los últimos años.

Vuestra solución ve los residuos como un humano y distingue todo tipo de objetos. ¿Cómo se consigue esto a nivel tecnológico y qué implicaciones tiene?

La inteligencia Artificial nos permite que un ordenador aprenda a reconocer residuos por sus características visuales. Existe tal cantidad de posibles residuos (objetos de todo tipo con infinidad de tamaños, formas, colores, brillos) y además en cualquier estado (rotos, sucios, chafados, parcialmente ocultos por otros objetos) que sería imposible programar un ordenador para que pudiera reconocerlos todos.  Por eso, aplicamos una estrategia diferente, que es la de mostrar al ordenador miles, cientos de miles, hasta millones de ejemplos estructurados, de tal manera que es el ordenador el que construye su propia fórmula para generalizar y ser capaz de decir qué objetos hay y de qué tipo cuando le enseñamos una imagen nueva. Es algo similar a lo que hace la mente humana en los primeros años de vida.

El reconocimiento por características visuales tiene sus limitaciones (por ejemplo, dos materiales que sean muy similares a simple vista serán muy difíciles de distinguir por nuestra tecnología), pero también muchas ventajas, ya que somos capaces de diferenciar objetos hechos del mismo material pero con tipologías distintas: por ejemplo, una botella de plástico PET de una bandeja de plástico PET, cosa que los sensores infrarrojos no pueden conseguir.

¿Quiénes son vuestros clientes y cuál es vuestro modelo de negocio?

Nuestro modelo de negocio es el de licencia tecnológica. A día de hoy, nuestra tecnología funciona como los ojos y el cerebro es del robot separador de residuos Max-AI, de la compañía estadounidense Bulk Handling Systems (BHS), con la que nos aliamos en 2016.

Nosotros nos encargamos del desarrollo y producción del software de reconocimiento visual, y ellos lo integran en sus productos Max-AI encargándose de la comercialización, producción, instalación y mantenimiento. Estamos contentos con este modelo, que nos permite concentrarnos en la Inteligencia artificial, seguir siendo una compañía tecnológica y, a la vez, poder tener un impacto más rápido y mayor en el sector de residuos, donde BHS lleva décadas trabajando con éxito, y para el que dispone de una red comercial y de servicio que sería muy complicado que una empresa como Sadako pudiera haber consolidado en tan poco tiempo. Nuestro cliente por tanto es BHS, y los clientes de BHS son los propietarios u operadores de plantas de tratamiento de residuos de todo el mundo.

¿Cómo han acogido ellos vuestro proyecto?

Max-AI ha tenido una excelente acogida por parte del sector de residuos y de los clientes. La primera unidad se instaló en abril de 2017 en una planta de tratamiento de residuos en Sun Valley, Los Ángeles (California, USA), y desde entonces se han vendido cerca de 50 unidades, muchas de las cuales ya están en funcionamiento. Se está demostrando que las plantas necesitaban esta solución que, combinando robótica e Inteligencia Artificial, les permite recuperar más y mejor.

¿Cómo os afecta la regulación europea y qué cambiaríais de vuestro sector?

Una de las líneas principales de trabajo de la UE es precisamente el fomento de la economía circular y una estrategia que permita minimizar el impacto ambiental del plástico. En esa línea, la normativa respecto a los niveles de recuperación de residuos (y especialmente, envases) se ha ido endureciendo y eso es algo que hace que nuestra solución tenga más sentido que nunca, ya que ayuda a las plantas a poder cumplir dicha normativa de manera sostenible económicamente.

También os dedicáis a la monitorización de flujos de residuos, ¿en qué consiste esta línea de negocio?

Es una segunda línea de impacto en el sector residuos, cuya idea nació de los propios clientes finales. A menudo cuando visitábamos clientes para hablarles de nuestro sistema capaz de reconocer residuos y dar órdenes a un robot para separarlos, nos comentaban que para ellos, sólo la propia información sobre los residuos ya les podría ser útil. Con esa información detallada y en tiempo real, podrían controlar el flujo con el que trabajan (que puede cambiar mucho según los días ya que los residuos son tremendamente heterogéneos y variables), tomar decisiones sobre diseño y configuración en la planta, ajustar la maquinaria, reasignar recursos, etc. Ahora estamos desarrollando la tecnología para la función de monitorización a través del proyecto RUBSEE, con el apoyo financiero de la UE a través del programa Horizon2020.

¿Qué ha supuesto para vosotros formar parte de InnoEnergy?

Innoenergy nos apoyó cuando nuestra tecnología y producto estaba aún en una fase muy inicial; creyeron en nosotros y en el potencial de lo que estábamos haciendo. Su contribución financiera ha sido clave en la compañía. Sin la ayuda de Innoenergy, probablemente no estaríamos aquí.

¿Por qué creéis que es importante que existan este tipo de iniciativas?

Iniciativas que apoyen emprendedores y especialmente en el ámbito Cleantech son clave para que las nuevas tecnologías y los resultados de la investigación básica pasen a convertirse en productos tangibles con aplicaciones reales que tengan un impacto en la sociedad y en la naturaleza.

Además, en el caso de Innoenergy todo el apoyo a nivel de mentoring, contactos, formación, etc. se ve complementado por la inyección directa de recursos, que al final es lo más importante y complicado de encontrar, sobre todo en fases iniciales de los proyectos.

¿Con qué otros apoyos habéis contado para el desarrollo de Sadako?

En los primeros años logramos muchas ayudas públicas (préstamos blandos) de organismos de apoyo a la innovación como ENISA, CDTI, Institut Valencià de Finances, Institut Català de Finances o el MINECO. También de entidades privadas como Caixa Capital Risc o La Caixa.

En una segunda etapa hemos tenido soporte financiero de fondos de inversión como Asimov Ventures y Creas Fondo Social. También han sido muy importantes para nosotros algunos premios y reconocimientos recibidos tanto del sector residuos (Premio Ecoembes 2015 al mejor Proyecto de Innovación) como del sector tecnología (Nvidia nos premió como mejor start-up de Inteligencia Artificial en 2016, un premio dotado con 100.000$ cuyo impacto en Sadako fue muy grande a todos los niveles).

Y por último la ayuda europea para el proyecto RUBSEE, con una subvención de 1,2 millones de Euros ha representado un empuje extraordinario en el desarrollo de tecnología y producto.

A nivel de clientes, hemos tenido la colaboración inestimable de algunas plantas de residuos, que nos han permitido usar sus instalaciones para el testeo y demostración de nuestros desarrollos. El apoyo del Consorci per al Tractament de Residus Urbans del Maresme (en su Centre Integral de Valorització de Residus) y Ferrovial (en plantas como el Ecoparc4 y la Planta de Envases Ligeros de Hostalets de Pierola) ha sido clave en nuestra trayectoria. 

¿Cómo ha sido vuestro proceso con respecto a la inversión?

Aunque el desarrollo tecnológico ha sido muy complejo, solemos decir que lo más complicado con diferencia ha sido levantar fondos para el proyecto. Al final hemos tenido mucho apoyo y tenemos que estar agradecidos, pero ha habido momentos muy duros, incluso en una ocasión en que a última hora no conseguimos cerrar una ronda que teníamos planteada tuvimos que despedir a todos los trabajadores, y esa es una experiencia realmente traumática donde se pone de manifiesto lo duro que es emprender. Por fortuna pudimos remontar la situación y recuperamos a muchos de los trabajadores (que hoy en día siguen con nosotros).

¿Qué diferencias habéis notado en este sentido por vuestro tipo de proyecto?

Nuestro proyecto está en la intersección de dos grandes tendencias actuales: la inteligencia artificial y la economía circular. Esto nos ha facilitado atraer la atención tanto de iniciativas que apoyan la tecnología como de las que buscan una gestión mejor y más ecológica de los residuos, lo que amplía nuestras posibilidades de financiación.

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