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Tecnológicos|Entrevista a AlejandroTouriño, Director de Startup Lawyer
"En el nuevo rol del abogado, del startup lawyer, es fundamental su engranaje con el resto de agentes del mundo emprendedor"
  • Gonzalo Ulloa, Ignasi Costas, Concepción Galdón o Iñaki Arrola son algunos de los ponentes del curso
  • El curso va desde el nacimiento de una startup hasta su venta y desinversión, pasando por todas sus fases
03/04/2017 |  Indra Kishinchand

El Instituto de Empresa lanza la tercera edición del programa Startup Lawyers, el primer programa formativo en España dirigido a abogados que quieran conocer el ecosistema de las startups y los emprendedores y profundizar en el planteamiento y resolución de sus problemas jurídicos.

El programa se dirige a abogados, asesores jurídicos, profesionales del sector y, en particular, a todos aquellos que quieran conocer las particularidades jurídicas de estos entornos, así como de adquirir de primera mano a los profesionales con experiencia en el asesoramiento en este campo.

El diario El Referente habla con AlejandroTouriño, Director Académico del Programa y Socio ECIJA, acerca de las expectativas del programa y las novedades del mismo con respecto a esta nueva edición. El programa tendrá lugar del 20 de abril al 1 de junio y los interesados pueden inscribirse a través de la web.

¿A qué retos legales se enfrentan las startups? ¿Cómo se adapta la abogacía, precisamente, a las startups?

Las startups son empresas de nueva creación que se enfrentan a múltiples retos desde el punto de vista jurídico; desde la protección de la idea innovadora, la regulación de la relación entre los socios, la redacción de acuerdos con terceros, la realización de rondas de inversión, etc. Por su parte, las disciplinas tradicionales del Derecho se enfrentan a la obligación de reconfigurarse ante las nuevas realidades a las que se enfrentan startups y emprendedores. Observamos igualmente el reto de dar respuesta a situaciones jurídicamente no reguladas y de adaptar a Derecho español fórmulas jurídicas comunes en otros países pero que no existen como tal en España. El Derecho mercantil, el laboral, el fiscal, etc, exigen un ejercicio de reformulación ante estos nuevos retos.

¿Cómo ha sido la acogida de Startup Lawyer en ambos ecosistemas?

La realidad es que la acogida ha sido fantástica. Teníamos ciertas dudas en el momento en el que lanzamos el programa, hace ya tres años, porque era un contenido muy nuevo y desconocíamos cómo iba a ser recibido por el sector jurídico. Era la primera vez que se hacía algo así en España. Había programas similares en Estados Unidos, pero en España no había nada igual, enfocado en Derecho del emprendimiento. La sorpresa fue muy grata; muchos abogados de despachos, abogados de empresas, e incluso perfiles más de negocio, han cursado el programa en las dos ediciones anteriores para conocer cómo funciona este mundo por dentro y cuáles son las necesidades reales y prácticas de startups, aceleradoras, incubadoras, business angels, venture capitals...

El programa se dirige a abogados, asesores jurídicos, profesionales del sector... ¿Cuál suele ser el perfil de los mismos?

El perfil medio de los profesionales que han cursado el programa en las dos ediciones anteriores es de abogados ya con experiencia, que buscan conocer las particularidades jurídicas de un sector profundamente innovador. Sin embargo, también han participado muchos abogados del ámbito de las nuevas tecnologías y la propiedad intelectual, abogados inhouse que tienen la tarea de lidiar internamente con la innovación o con el reto de asesorar jurídicamente a la incubadora de proyectos de la compañía. También hay incluso profesionales no jurídicos atraídos por las peculiaridades normativas y prácticas de esta nueva disciplina.

¿De qué maneras les ayuda en su puesto de trabajo a posteriori? ¿Cuántos de ellos se dedican al asesoramiento de startups una vez salen del curso?

Esa es la mejor de las noticias. Muchos de los abogados que cursaron el programa en anteriores ediciones han tomado un rol más activo en el asesoramiento jurídico a startups dentro de sus firmas. Otros se han movido a despachos que trabajan prioritariamente con startups y otros, los que procedían del mundo de la empresa, lo han aprovechado para cubrir internamente esas necesidades de trabajo con temas de innovación. Algunos profesores han incluso 'fichado' a alumnos del programa para reforzar sus equipos. En definitiva, el resultado real para los alumnos es que muchos de ellos han reenfocado su carrera hacia este campo. De hecho, me he cruzado con algunos de ellos posteriormente en eventos de networking y en mentorships con startups en algunas aceleradoras, lo cual es sin duda una enorme satisfacción.

¿Por qué apostáis por un enfoque eminentemente práctico? ¿Qué ventajas tiene?

La decisión en ese sentido era clara. Se trataba de reflejar lo que ocurre en el día a día del sector. Ese es el motivo de que el cien por cien del profesorado sean profesionales en ejercicio. Pero los profesores no son solo abogados, sino también emprendedores, inversores, directores de aceleradoras... Personas que, en definitiva, conocen lo que ocurre en este sector y que es capaz de trasladar a sus alumnos sus experiencias positivas y negativas fruto de su trabajo en el sector.

Este año, por ejemplo, hemos incorporado como elementos adicionales al programa una sesión de mentoring legal con las startups de Área 31, lo que permitirá a los alumnos poder tener una experiencia real, acompañados de otros abogados, de asesoramiento jurídico a startups reales, con necesidades jurídicas reales. Además hemos reservado una tarde entera para la redacción y discusión de un pacto de socios, algo que nos venían reclamando los alumnos de las anteriores ediciones.

¿En base a qué criterios habéis establecido las asignaturas del programa? ¿Cómo habéis evolucionado en este sentido?

El programa pretende reproducir el ciclo de vida de una startup, desde el nacimiento de la idea innovadora hasta el exit, pasando por el desarrollo jurídico de un business plan, la producción jurídica contractual, la monetización del negocio, su internacionalización, su salida al MAB y finalmente su venta. Tenemos un módulo especial dedicado a las startups de base tecnológica, pero fundamentalmente lo que buscamos es que después de cursar el programa el alumno tenga las herramientas suficientes para poder competir en el mercado jurídico de las startups con solvencia.

La evolución del programa y los contenidos ha venido marcada por dos factores, el feedback de los alumnos, que nos ha hecho identificar mejoras e implementarlas, y el propio mercado, que nos obliga a tener un programa vivo que se actualiza cada año.

Los ponentes son una valor fundamental de Startup Lawyer, ¿qué destacaríais de ellos?

Los profesores son, junto con los alumnos, la base del programa. Todos ellos son profesionales de primer nivel, con amplia experiencia en el asesoramiento a startups y emprendedores, juristas y profesionales con sobrado bagaje en los distintos escenarios que un proyecto emprendedor plantea, tanto abogados en ejercicio, como asesores internos, inversores privados -business angels, fondos de venture capital, etc.-, aceleradoras, incubadoras, universidades, centros de investigación, etc.

Además de su profesionalidad, destacaría su cercanía con los alumnos, a quienes en ediciones anteriores ayudaron fuera de las aulas con la entrega de modelos documentales, orientación en casos con clientes, incorporación a sus equipos, etc.

¿Qué diferencia encontráis con la relación de la abogacía española con sus startups y la que se produce en otros países?

El análisis es complicado, pero sí vemos que los instrumentos jurídicos que poseen los abogados españoles son en ocasiones limitados. Existen otras legislaciones más adaptadas a las necesidades del mercado. Por ejemplo, la respuesta que ofrece el ordenamiento jurídico español es escasa cuando abordamos supuestos como la realización de rondas de inversión a través de plataformas de crowfunding, cuando pretendemos importar fórmulas como las notas convertibles anglosajonas, etc.

En definitiva, otros mercados más maduros, como el norteamericano, han exigido a su legislación estar más actualizados en este campo. En España, sin embargo, existen determinadas situaciones cuya respuesta es dudosa o compleja por el hecho de que utilizamos instituciones centenarias para dar respuesta a problemas de una naturaleza distinta a la planteada inicialmente.

¿Cuáles son los pasos que habría que dar a nivel gubernamental para mejorar la situación legal de las startups?

Existe, a mi juicio, mucho margen de mejora. En el plano fiscal y laboral, principalmente. Si como Estado queremos dar apoyo a iniciativas disruptivas e innovadoras tenemos que buscar fórmulas que permitan el florecimiento de este tipo de proyectos. No podemos pretender que estos surjan si no contamos con mecanismos que incentiven su creación y viabilidad económica y jurídica. En ocasiones la vía de ayuda pasa por la desregulación y liberalización de ciertos sectores y el establecimiento de medidas temporales de discriminación positiva en materia impositiva.

¿De qué manera os relacionáis con los agentes del mundo emprendedor? ¿Qué importancia tienen dentro del curso?

En el nuevo rol del abogado, del startup lawyer, es fundamental su engranaje con el resto de agentes del mundo emprendedor. Ese es el motivo por el que pasan por el programa personas que desarrollan tareas tan diversas, desde gente del ámbito de la comunicación, emprendedores, inversores, gerentes de aceleradoras, responsables de innovación de grandes compañías, etc. Yo creo que es el gran diferencial respecto de la formación tradicional. Existen grandes programas para formar excelentes abogados de mercantil, de laboral, de fiscal, de nuevas tecnologías, etc. pero en este el alumno sale conociendo no solo las peculiaridades jurídicas del sector, sino también el propio funcionamiento del mismo.

¿Qué le dirías a alguien que tiene dudas acerca de si cursar o no el programa?

Le diría que no lo dude. Cuando a mí se me planteó la posibilidad de configurar un programa en el IE en materia de nuevo Derecho traté de diseñar un programa que yo mismo quisiera cursar. No en vano, siempre que la agenda me lo permite, me acerco a las clases a disfrutar de la experiencia y el conocimiento de los otros profesores. Creo que se trata de una experiencia fantástica para los que se sienten atraídos por este mundo.

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