
El mercado está en constante evolución y, al igual que en la historia de la vida donde durante miles de años las especies han aparecido y desaparecido dando lugar a otras, ocurre lo mismo en el mundo de las nuevas tecnologías, con productos que dejan de existir para dar lugar a otros nuevos. La diferencia es que actualmente estos procesos no transcurren a lo largo de milenios, sino en apenas unos pocos años.
A principios de la década hacían su irrupción las cámaras digitales y en apenas unos años canibalizaron el mercado de las habituales cámaras de carrete, condenándolas a la desaparición. Pues bien, ahora pueden ser las cámaras digitales quien estén asistiendo a su propio proceso de extinción. Los smartphones, más complejos y equipados cada vez más con potentes sistemas de fotografía, están desplazando a las habituales cámaras digitales a un segundo plano.
Según un estudio, el uso de las cámaras digitales para tomar fotografías se ha visto reducido al 44% en detrimento de los dispositivos móviles de última generación, que han experimentado una notable subida. La comodidad, así como la posibilidad de compartirlas rápidamente a través de las redes sociales, son algunas de las razones que han llevado a los smartphones a estar ganando relevancia en su uso para tomar imágenes. Todo unido, por supuesto, a las mejoras técnicas evidentes en este campo, que hacen que por ejemplo un dispositivo móvil como un Samsung Galaxy II o un iPhone 4s estén en disposición de realizar fotografías de calidad similar a una cámara digital de gama media.
Pero como hemos dicho, estos procesos de evolución afectan de distinta forma a los diferentes sectores de un mismo mercado. Así pues, mientras las cámaras digitales de gama media y baja están experimentando un importante retroceso, los equipos de alta calidad experimentan un crecimiento cada vez mayor, y es que mientras que para el ámbito común los smartphones son un digno sustituto de las cámaras digitales, no así en el ámbito profesional donde las exigencias son muchísimo más altas.
