
Hace unos meses comencé a sufrir fuertes dolores de espalda al dormir. Al principio no le di importancia pero tras semanas amaneciendo como si me hubiesen pasado la zona lumbar por la turbomix, le consulté a un amigo fisioterapeuta. Me dijo que probablemente fuese una contractura debida al estrés, y me recetó Myolastan, un relajante muscular. Ah, muy bien, dije yo.
Lo que no fue tan bien fue sentarme a leer el prospecto. En él desaconsejan su ingesta si uno es alérgico al tetrazepam, si padece insuficiencia respiratoria descompensada, si presenta tono muscular disminuido, si padece Miastenia Gravis, glaucoma ocular, si se tiene menos de un año o si se está embarazado.
Sé que tengo más de un año y que preñado no estoy, hasta ahí todo correcto. Pero ¿tetrazepam? ¿Es una palabra húngara? ¿Insuficiencia respiratoria descompensada? ¿Eso es cuando se te tapona uno de los agujeros de la nariz? ¿Miastenia Gravis? ¿No es eso una estrofa del Aleluya de Haendel? ¿Glaucoma ocular y tono muscular diminuido? Hombre, soy miopón y fofete, pero no sé yo si será lo mismo.
Lo que realmente me paralizó fueron los posibles efectos adversos: alteraciones en la sangre, en el sistema nervioso, incapacidad para formar nuevos recuerdos, lentitud mental, irritabilidad, confusión, alucinaciones, visión borrosa, daño hepático, eczema, destrucción del tejido epidérmico, retención urinaria... y no sigo porque para qué.
¿De verdad es un medicamento? Más que curarme esto me mata, me dije a mí mismo. Mejor recurro al tío Jack Daniel´s, que no hay nada que no pueda solventar, me dije también. Así que esa noche fui descendiendo chupito a chupito hasta la profundidad del sueño. Sin embargo, 5 horas después me desperté sintiendo como si me hubiesen hundido un hacha en la columna vertebral. Copón.
Alterado, me puse a indagar en google ansiando una respuesta que me apaciguase. Meeeeeck, craso error. Tras ojear unas cuantas páginas, cabía la posibilidad de que lo que en un principio era probablemente una contractura debida al estrés fuese en realidad Espondilitis Anquilosante, Artritis Reumatoide, Osteoporosis, Herpes Zoster o cualquier otra cosa igual de fatal y malsonante.
Pero lo más desasosegante fueron los comentarios de la gente en los foros. "Mi padre notó ligeras molestias en la espalda y a las 3 semanas se murió", ""Todo comenzó con un dolor de espalda y acabó con la amputación de los brazos", "Me empezó a doler la espalda y resultó que tenía una infección en el intestino, me tuvieron que extirpar el recto y abrirme otro orificio artificial en el ombligo; ahora me tiro los pedos por ahí y sólo puedo comer berenjena". Ay dios...
Además de medio cegato y blandurrio, ya me veía manco, expulsando gases fétidos por el esternón y camino del ataúd. Y es que, unos más y otros menos, nuestra credulidad nos lleva a situarnos en el más nefasto de los escenarios, a sucumbir ante el temor de la irrecuperabilidad y a adoptar como propias las tragedias ajenas al menor síntoma de parentesco. Basta con escuchar de refilón que el dolor de cabeza es indicativo de tumor cerebral para que a la mínima molestia en la sien sospechemos que se nos está pudriendo la masa encefálica. El miedo es la enfermedad más contagiosa.
Una pena, porque en ocasiones malgastamos mucho tiempo y esfuerzo en soportar pavores que rara vez se cumplen, o como dicen los médicos, "no se muere el que quiere, se muere el que puede". Esto se puede traducir a idiomas no clínicos: uh, mi jefe está muy seco, creo que me va a despedir; ése me ha mirado mal, seguro que le caigo como una patada en el cimbrel; mi novia está rara hoy, a ver si me va a dejar. Nos sentimos moribundos antes de enfermar.
La vida ya se complica demasiado por sí misma como para que andemos troceándonos los sesos indebidamente, ya es demasiado corta como para que andemos apostando nuestros minutos a pensamiento perdedor. Aunque, claro, si alguien conoce la fórmula para evitarlo que me informe a la mayor brevedad posible.
P.D.: al final fui a ver a la doctora por lo de mi dolor de espalda. Me dijo que era una contractura debida al estrés. Y me recetó Myolastan. Tócate los buñuelos.
