
Me reuní a tomar unas cervezas con un viejo amigo de la infancia que me había llamado angustiado y requería verme a la mayor brevedad posible. Quedamos en el sitio tal y cuando me personé allí le encontré sumido en un estado de nerviosismo alarmante.
- ¿Qué ocurre?
- No te lo vas a creer…
- Soy todo oídos.
- Mi madre… mi madre… es… una… streaper.
- ¿Una streaper?
- Sí.
- ¿Tu madre?
- Sí.
- ¿Esa adorable señora cincuentona que va a misa religiosamente, que no dice más tacos que jopelín y nos preparaba galletas en forma de osito cuando éramos pequeños?
- Ésa, ésa.
- A ver si lo he entendido bien: ¿me estás diciendo que tu angelical madre se sube cada noche a un escenario a bambolear sus bondades carnales para el gozo del personal?
- Bueno, no es eso...
- Ah -suspiré aliviado.
- Quiero decir que no todas las noches, sólo 5 veces a la semana.
Me quedé estupefacto. Y él me explicó. Su madre trabajaba para una ricachona empresa llamada (no daré nombres reales, sólo seudónimos, por si acaso) Viejos Morsons. Como tantas otras, debido a la crisis y a una nefasta dirección empresarial, dicha empresa se vio en la tan temida necesidad de catapultar a sus empleados a la tierra del desempleo, cada vez más creciente y superpoblada (tanto que a este paso dejará de ser comarca y obtendrá el reconocimiento de continente).
Ante la estrechez de la oferta de empleo, esta bonachona señora se vio obligada a afiliarse a las filas del paro. Hasta ahí todo bien, o todo mal, pero al menos no catastrófico. Sin embargo, y como bien sabréis, el Gobierno se está poniendo durillo con los parados, especie a la que le gustaría extinguir pero sea por lo que sea no hace más que nutrir y engrosar.
Una de las última medidas aprobadas es la que expone que cualquier militante del INEM que rechace una oferta laboral podrá ser sancionado por el Ministerio regulador. Y ante tan punzante amenaza, y con la necesidad de responder eficientemente a la hambruna de una familia y a la gula bancaria de los plazos hipotecarios, esta señora, aficionada al teatro amateur, se vio en la imposibilidad de dar luz roja a "Se busca mujer para trabajar en el mundo del espectáculo. Se requiere desparpajo."
Tachán.
Las cosas están torcidas. Y cualquiera que tenga dos dedos de frente o el cerebro no inmerso en tequila de modo permanente, entiende que la realidad que masticamos día a día no es por culpa de este Gobierno en concreto. Quizá sea culpa de todos los Gobiernos, actuales y pasados; una culpa-cadena. Y además se entiende que no hay reforma perfecta y se quiere entender que las medidas adoptadas tienen, en teoría, la finalidad de insuflar sangre al corazón petrificado de la economía en pos del bien comunitario.
Pero cuidado. Acatar tales mandatos a boca chica puede llevar, una vez más, al uso y abuso de quienes tienen la sartén por el mango. A tener sí o sí que aceptar, por ejemplo, el puesto de recolector de truños de caballo en desfiles provinciales habiendo cumplido con lo que se nos ha dicho que teníamos que cumplir, es decir, con una formación completa de bachiller, con un título universitario, con los diez mandamientos del ciudadano cívico, con un consumo constante para dar vidilla al flujo monetario, con la compra de una vivienda para sustentar el ladrillo y el pulso crediticio, etc.
Y no hace falta irse a puestos tan escatológicos. Puede sencillamente que tengamos que asentir sin diálogo posible y sin remisión a contratuchos en los que, resumiendo, se lea "Ja ja, te estoy tomando el pelo, lo sabes, y no hay nada que puedas hacer. Por cierto, con tus horas extra y lo que dejo de pagarte me voy a comprar un yate. Y un jamón."
Así que pueden vendernos que esta reforma es necesaria, pero yo sería mucho más crédulo si interceptase intenciones de realizar necesariamente una reforma de valores. Concienciar de que el capital humano es lo más valioso y lo que más hay que mimar sería un buen comienzo. O que (volvemos a los seudónimos, ya se sabe) Diez Furrón diese gracias a dios por que la pena de muerte se aboliese en el 95.
Iluso de mí.
