
Me lo han repetido hasta la saciedad: Pol, tus posts son demasiado largos, son un tochaco de texto mareante, no se los va a leer ni dios. Y probablemente tengan razón. Y aquéllos que realmente os los tragáis hasta el punto y final, os doy las muy sinceras gracias. Sé que no es fácil.
Pero qué le voy a hacer, no lo puedo evitar. Rajo por los codos. Y en persona, aún más. Soy de ésos que siempre se quedan con la frase a medias; no porque la gente no me escuche, sino porque la gente se cansa de escucharme. Para contarte que ayer me tiré la tarde desplomado en el sofá zapeando paso por aquel viaje que hice a Cuba, mi relación amor-pánico con los tiburones y aquella vez que se me rompieron las gafas. Embrollo asociativo descomedido. Verborrea extasiada. Y a fin de cuentas, un tanto bocachancla.
Sí, bocachancla. Es de una lógica aplastante: cuanto más hablas, más opciones tienes de pifiarla. Puedes llegar a decir cosas como:
TIPO 1: Mira qué tía más fea, no me la tiraba ni borracho.
TIPO 2: Es mi mujer.
TIPO 1: Ah… bueno, sí, sí que me la tiraba.
TIPO 2: ¿Pero qué dices?
TIPO 1: Tirí tirí…
Dicen que hablando se entiende la gente. O no, porque hay veces que hablar te conduce justo al punto opuesto que deseabas.
MAROMO: Cariño, ya estoy en casa.
POTRANCA: Hola, amor. ¿Qué tal el trabajo?
MAROMO: Bien, bien. ¿Y tú?
POTRANCA: Bien.
MAROMO: Qué bonito el vestido que llevas.
POTRANCA: Me lo he comprado esta tarde.
MAROMO: Jo, éste te queda genial.
POTRANCA: ¿A qué te refieres con "éste"?
MAROMO: Pues que éste te queda que ni pintado.
POTRANCA: ¿Qué pasa, que los otros no me quedan bien?
MAROMO: Claro que sí, sólo que...
POTRANCA: Sólo que te parece que estoy gorda.
MAROMO: Yo no he dicho eso.
POTRANCA: Tampoco lo estás negando.
MAROMO: No, no estás gorda.
POTRANCA: Ya, pero tampoco flaca ¿no?
MAROMO: Que sí, que estás flaca.
POTRANCA: ¡No me digas que sí como a los tontos!
Boom. Portazo. Y esa noche duermes en el sofá. Normal, porque generalmente no decimos lo que estamos pensando, es decir, no pensamos lo que decimos, no decimos lo que pensamos como lo estamos pensando. Generalmente lo que decimos es una traducción imperfecta de lo que queremos decir. Normal también, porque no podemos estar permanentemente pensando en lo que decimos, es decir, en si lo que decimos es estrictamente lo que tenemos intención de decir. Y de ahí que la conversación ideal sea:
MAROMO: Cariño, ya estoy en casa.
LA CHICA: Hola, amor. ¿Qué tal el trabajo?
MAROMO: Bien, bien. ¿Y tú?
LA CHICA: Bien.
Ciao. Enchufas Buenfauente, te sumerges en los apasionados párrafos de la Cuore o resuelves sudokus. Y todo sonrisas. Pero, como bocachancla ortodoxo que soy, es algo que está fuera de mi alcance. Tanto como escribir posts más escuetos.
Habla bajo, habla despacio, pero sobre todo habla poco, dijo aquél. Y si no puedes, asume que si hablas de más probablemente sea, como reza el chiste, pa cagarla.
Muchas veces nada suena mejor que el silencio.
Digo.

