
Rugidos, veloces y armados. Son motos, las cientos de miles de motos que inundan Jerez este fin de semana. Durante estos días, la ciudad andaluza duplica por dos su población, sus calles pasan de 200 mil habitantes a más de 400 mil. Toda una locura sabiendo que más de 100 mil vienen motorizados.
A pesar de que ha hecho mucho viento, eso no ha sido impedimento para que los aficionados al motor disfruten del Gran Premio de España. La excusa, las carreras del domingo, lo mejor del fin de semana, la emoción de ver los innumerables ríos de motocicletas haciendo todo tipo de locuras a dos ruedas.
Desde hace unos años, debido a las quejas de vecinos y algunas que otras tragedias de años anteriores, Jerez se cerró por completo a las motos para que esos incidentes no volvieran a ocurrir. En esta edición, y por ordenanza municipal, la ciudad se ha vuelto abrir para turistas y curiosos que están deseosos de ver como se 'lía' en la ciudad.
Pero los controles policiales han sido excesivos y el ambiente motero se ha tenido que buscar la vida por otros lugares. Como en años anteriores, las ciudades vecinas de alrededor de la provincia de Cádiz, se han convertido en 'pan y circo'. Pan porque el negocio es redondo gracias a los miles de visitantes y circo por el espectáculo que montan los rugidos de motores, impresionantes caballitos, quemas de ruedas y todo lo imaginable.
Hablamos de El Puerto de Santa María, Sanlúcar, Chipiona o Chiclana, ciudades en la que las dos ruedas son los protagonistas absolutos. Mientras tanto, en Jerez una deslucida ciudad soñando lo que llegó a ser, escuchaba los cantes del concierto que pretendía ser multitudinario de Andrés Calamaro.
El Gran Premio de España, gracias a ordenanzas municipales, desde hace unos años se ha descolorido. Pero a pesar de ello, el ambiente motero sigue siendo impresionante y cada año supera todas las expectativas. Un diez a los moteros, un cero a los políticos. Un cien para la gente, y para el ambiente.

