
Si nos hablan del circo inmediatamente nos vienen a la cabeza recuerdos de la infancia, con payasos y leones totalmente dóciles saltando a través de un aro. Pero el circo es algo más. La escuela de artes circenses Carampa, situada al lado del parque de atracciones de Madrid, ofrece e inculca a sus alumnos la oportunidad de aprender y disfrutar una profesión bonita y original.
Donald Lehm, un neoyorquino de 56 años, recibe a El Referente en su caravana para contarnos que lleva, nada más y nada menos, que 30 años dedicándose a esto del circo. Él es el director de la Escuela Carampa y asegura que "existe un mercado de trabajo muy amplio", ya que la gente "puede vivir de esto".
Lo que empezó como una simple carpa alquilada por él y sus amigos para hacer algunos espectáculos se ha convertido, con el tiempo, en un punto de referencia para todo aquel que quiera aprender el oficio y dedicarse profesionalmente al circo.
"Carampa es un centro que pretende ser el inicio del camino hacia la profesionalización", explica Donald. El periodo normal para formación de un artista que se quiera dedicar profesionalmente a esto es de 5 años, y la Escuela Carampa ofrece el programa de iniciación, que constaría de 2 años. "Después de esto son necesarios otros 3 años, por lo menos, de preparación en otros países", afirma Lehm.
En cuanto a la afluencia de alumnado, las cifras son bastante esperanzadoras para la perpetuidad de la profesión circense. Desde el año 94 que comenzó a funcionar la escuela, lejos de disminuir, la demanda para entrar en este ciclo formativo ha aumentado.
Según comenta el propio Lehm, las mejores edades para comenzar en la actividad circense oscila entre los 19 y 20 años, aunque, eso sí, hay que tener algún tipo de formación previa. Para este amante del circo, Carampa ya ha conseguido muchas cosas, aunque destaca que "lo bonito de todo esto es que nos estamos reinventando, y que todo está por decir".

