
Era excéntrico, maniático, único... Era sin duda el "rey del pop". No hay adjetivos que se ajusten como uno de sus célebres guantes blancos a Michael Jackson. Nos ha dejado un mito con 50 años.
Canciones como Thriller, Beat It, Billie Jean, Bad, Smooth Criminal o Heal the world son sólo algunas de las joyas de su legado artístico, que contrasta con las deudas, demandas, conductas inexplicables y su controvertida imagen pública, que tocó fondo cuando protagonizó un juicio acusado de pederastia en 2005.
Los jueces absolvieron finalmente al cantante, que en una entrevista aseguró que había dormido "en una cama con muchos niños". Fue un niño prodigio (debutó en un escenario a los 4 años) y era famoso mundialmente con sólo 12 años, como solista de los Jackson Five, grupo que formaba con sus hermanos.
Así obtuvo el primero de sus 13 premios Grammy con sólo 20 años (Don't stop 'til you get enough, 1979) aunque la gloria le llegaría con su disco Thriller (1982). Aquel álbum revolucionó el pop, no sólo por las canciones, sino también por los vídeos musicales.
La fama de los zombis
La coreografía de zombis de la canción que dio nombre al LP o el tantas veces imitado paso de baile Moonwalk, que Jackson hizo suyo en la presentación del tema Billie Jean, siguen siendo a día de hoy un referente.
Thriller, reeditado en 2008 para conmemorar los 25 años de su lanzamiento, es el trabajo discográfico más vendido en la historia, con más de 100 millones de copias en todo el mundo, ocho Grammy y casi 60 discos de platino, lo que le valió a Jackson la corona de monarca absoluto de la música pop.
Desde entonces y después de dar discos memorables como Bad (1987) o Dangerous (1991), su carrera fue poco a poco cuesta abajo mientras su nombre se convertía en noticia más por sus excentricidades que por su talento.
Además se llegó a decir que dormía en una cámara de oxígeno para mantenerse joven, algo que desmintió Jackson. La web concierge.com nombraba al cantante como uno de los huéspedes más indeseados por los hoteles, por caprichos como el del hotel Hempel, en Londres, al que exigió levantar un muro de cinco metros para mantener su privacidad.

