
"Sólo me arrepiento de haber montado mi negocio, cuando veo la cantidad de pelo que hay en mi almohada al despertarme", dice entre risas Tomás Santoro. Éste joven decidió dejar la carrera de industriales para dedicarse a su verdadera vocación: la informática. Fue una apuesta de todo o nada que incluso llegó a hipotecar a su familia. "Fueron ellos los que me ayudaron los primeros años. Los ingresos no llegaban para pagar mi nómina y sin ellos no hubiera sido posible", explica Santoro. Cinco años después, puede sacar pecho. Legalitas o Mediamarket son algunos de sus clientes. Para él, la clave está en que "el equipo reme en el mismo sentido y hacia la misma meta". "El mayor peligro es pensar que de la idea depende el éxito. El éxito depende del equipo", sentencia. El equipo de bocetos se reúne todos los viernes en lo que han llamado el 'Bits and Chips'. "Hablamos sobre cualquier cosa que nos llame la atención en internet y suelen salir ideas muy interesantes. Es vital el buen ambiente en el trabajo para que salgan las cosas". Para Santoro, Internet es la clave para que las empresas puedan capear el temporal, "ya que este canal es más medible, barato y efectivo que la publicidad offline".Y ahí está la clave de su éxito, el haber sabido adaptarse con rapidez a las nuevas tecnologías. "La comunidad creada en internet y la gran participación y diferencia de opiniones que existe es la mayor fuente de información que tengo para tomar decisiones estratégicas en la empresa. Casi no leo papel ya que la información en papel son noticias de ayer". Como ven no hay mejor receta para el éxito que la fe en uno mismo. Tomás Santoro la tiene y ahora... la saborea.
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