
Las autoridades ferroviarias de Indonesia han tomado la decisión de instalar barreras con bolas de hormigón sobre las vías del tren para evitar la actividad de los denominados “surfistas de trenes”, personas que viajan sobre los techos de las unidades a pesar de los múltiples riesgos que supone esta práctica, que combina el desarrollo de un extraño “deporte extremo” con necesidades socioeconómicas y carencias de planificación urbana. La medida tomada por las autoridades indonesas es una respuesta extrema frente a un problema sobre el cual aún no se encuentra una solución, mientras año tras año siguen registrándose muertes y accidentes.
Los denominados “surfistas de trenes” son personas que viajan sobre el techo de los vagones, a pesar de los múltiples riesgos que esto conlleva. En Indonesia, luego de probar sin éxito diferentes fórmulas para detener esta práctica que provoca múltiples muertes y accidentes, las autoridades ferroviarias decidieron colocar bolas de hormigón a modo de barrera sobre las vías del tren.
Se trata de un fenómeno complejo desde la seguridad ferroviaria, pero que además supone una acuciante realidad socioeconómica y graves inconvenientes de planificación urbana. Según se informa a través de distintos artículos periodísticos, por ejemplo en medios como BBC News o The Telegraph, las bolas se instalaron en un primer punto cerca de una estación fuera de la capital de Indonesia, Yakarta, pero se colocarán en otros sectores si se comprueba que la gente continúa viajando sobre los techos de los trenes.
RIESGO PARA DAR SENTIDO A LA VIDA
Los intentos anteriores para disuadir a los “surfistas de trenes” incluyeron la colocación de pintura y aceite en los techos de las unidades o la difusión de mensajes musicales con vistas a concienzar sobre temáticas inherentes a la seguridad. Todas estas iniciativas han fracasado, por lo tanto las autoridades esperan que las bolas de hormigón puedan transformarse en un elemento disuasorio definitivo.
El origen del surfeo de trenes se ubica habitualmente en los suburbios de Sudáfrica, específicamente en ciudades como Soweto o Johannesburgo, sobre finales de la década de 1970. Allí, muchos jóvenes siguen hoy arriesgando sus vidas con estas prácticas, mayormente debido al sin sentido vital y la falta de expectativas frente a complejas situaciones sociales. Sin embargo, esta peligrosa práctica se ha registrado en diferentes sectores del planeta, sobretodo en Asia y Sudamérica, aunque también se han reportado casos en países europeos como Alemania, el Reino Unido o Dinamarca.

