
El escritor ha charlado con El Referente sobre su nueva novela 'Los asesinos lentos' (Ediciones Siruela), un libro que engancha desde la primera página y que ha sido galardonada con el 'Premio de Novela Café Gijón'.
¿Cómo surgió la novela? ¿Un trabajo que tenías en mente? ¿Tu amor por la literatura?
Esta novela viene de una conversación que tuve con un amigo mío que también es escritor, Manuel Moyano, en la que buscábamos algo así como una receta para escribir una buena novela. Ahí llegamos a la conclusión de que si se conseguía poner en pie a dos personajes creíbles, sólidos, que dialogaran de verdad, ya se tendría algo importante. Además también tenía que haber un giro inesperado y mantener la atención del lector en el principio del libro con una de estas frases que en literatura funcionan como las trampas para ratones. Ese sería el origen.
Estos personajes responden al Sancho "Quijotizado" de la novela de Cervantes, ¿no? La víctima se convierte en verdugo.
Exactamente, hay una especie de modelo del Quijote. Juan Cáceres es un tipo pragmático, un Sancho Panza, y Valle es un Don Quijote, aunque negativo, porque es un idealista y no le vale la vida que lleva. Está convencido de que es un idealista y, de hecho, llega a convertir a su amigo a su fe negativa.
Es una historia que te hace reflexionar sobre lo poco que nos paramos a pensar en las cosas importantes, ¿no crees?
Exacto, creo eso capta muy bien la onda principal de la novela: la revelación de la verdad de su vida (la del personaje principal), que empieza con presagios de que algo se empieza a desajustar en su vida y, efectivamente, esto es la revelación de la cara oculta de su vida.
En ocasiones, el ser humano piensa demasiado las cosas, ¿no crees?
Éste es el círculo vicioso, la obsesión que genera más ansiedad, la ansiedad que genera obsesión.
Al igual que el personaje de Juan Cáceres, ¿nosotros también nos complicamos las cosas no?
Es verdad que el personaje se complica mucho su propia existencia. Valle lo que hace es precipitar las cosas pero está claro que en su vida, a Juan Cáceres no tenía una posición sólida ni mucho menos. Lo que pasa es que Valle lo acelera todo.
Es interesante en el libro la relación de Juan Cáceres con sus sueños.
Son muy importantes. Yo también tengo que rendir algún tributo a toda la tradición surrealista. En esta novela hay sueños con atmósfera de terror y otros con los que yo me río cuando, alguna vez, releo la novela. Me alegro de que los lectores se den cuenta del sentido del humor que esconden muchos de estos sueños.
Alguna vez has soñado alguna idea para un libro.
Sí, me ha pasado alguna vez, estar trabajando, te vas a dormir y soñar algo. Entonces es cuando dices, esto si no lo apunto mañna no me acuerdo. Esto es cierto que pasa de verdad.
Al final, ¿los asesinos lentos acabamos siendo nosotros mismos?
Claro. En la novela los asesinos lentos son todas aquellas cosas que nos matan, nosotros mismos. El propio universo tiende a la entropía. Hay una reflexión metafísica, un poco cósmica de Juan Cáceres cuando habla con el capellán. Es una visión que se parece a la de los gnósticos de la época del origen del Cristianismo, una visión negativa del universo que no es tanto una visión descreída sino de una especie de fe negativa. El primer asesino lento sería el tiempo, es una metáfora que se ha dicho muchas veces pero es demasiado obvio. Después, claro, está el desgaste al que nos sometemos y al que sometemos a los demás.
A la hora de escribir, ¿te encomiendas a una disciplina de trabajo?
Intento llevar una disciplina, soy bastante exigente conmigomismo. Un ejemplo de ello es que esta novela está escrita en tres meses, fue algo un tanto frenético.


