
Las quejas más generalizadas de los seres humanos en su lecho de muerte son las siguientes: "Ojalá hubiese tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, y no la vida que otros esperaban de mí"; "Ojalá no hubiese trabajado tanto" (un lamento que se da sobre todo entre los hombres); "ojalá hubiese tenido el valor de expresar mis sentimientos"; "ojalá me hubiese mantenido en contacto con mis amigos" y "ojalá me hubiese permitido ser más feliz".
Una enfermera australiana llamada Bronnie Ware, especializada en la atención a personas moribundas, ha recopilado en un libro titulado 'The Top Five Regrets of Dying' (Los cinco lamentos principales en la muerte), las quejas más comunes de los seres humanos cuando les llega la hora.
En su libro, Ware ha escrito sobre la lucidez de los humanos al final de su vida, y sobre lo que se puede aprender de ellos en esa situación. Según la investigadora, en esos momentos hay temas comunes que emergen una y otra vez.
Con respecto a la queja de "ojalá me hubiese permitido ser más feliz", Ware señala que es sorprendentemente común, porque mucha gente no se da cuenta hasta el final de su vida de que la felicidad es en realidad una elección.
El lamento más común, aquél por no haber vivido como uno ha deseado sino como otros esperaban que lo hiciera, la doctora señala que tiene lugar cuando uno "se da cuenta de que su vida ha llegado casi a su fin" y la mira de una manera clara. Nostálgicos pos sueños que no se cumplieron, la mayoría de ellos no había siquiera intentado alcanzar la mitad de sus sueños, lo que les llevaba a ser conscientes de que todo había dependido de sus propias elecciones.

