
Barack Obama es un gran defensor de la alimentación sana pero no siempre la sigue, como hoy, que apareció pidiendo alitas de pollo con salsa picante.
El presidente se desplazó a Buffalo, en el estado de Nueva York, para visitar una fábrica y mantener una charla con sus trabajadores, pero de camino hizo una parada en un restaurante típico de la localidad para pedir las Buffalo wings, unas alas de pollo fritas bañadas en salsa barbacoa.
Mary DiGiacomo, la camarera del lugar, le sugirió el menú del día, pero el presidente, ante la mirada de los periodistas, dijo que tenía el vehículo en marcha y no podía entretenerse.
Pidió la especialidad de la casa, alitas de pollo con picante medio, aunque la recomendación de uno de los clientes le hizo cambiar su pedido a cinco alitas picantes "normales" y cinco "extra picantes".
Le costó 10,82 dólares que insistió en pagar de su bolsillo y dijo estar en la "capital de las alitas". No es la primera vez que se salta las recomendaciones de sus médicos, que le han advertido de que su colesterol ha subido. El mes pasado se detuvo a probar el pastel de ruibardo en Iowa. Y hace tres semanas compartió con Michelle, su mujer, un festín de costillas ahumadas, pan de maíz, guiso de judías, verduras, macarrones con queso y postre de maíz.
Y eso que Michelle Obama encabeza una campaña de la Casa Blanca para fomentar la alimentación saludable y la lucha contra el exceso de peso, conocida como 'Lets Move' ('Vamos a movernos').
Y es que hace un tiempo, mientras se disponía a engullir un menú de comida sureña, Obama dijo: "no quiero sermones sobre mi colesterol. Que no se entere Michelle".

