
La metadona ayuda al adicto a huir del "mono" de la heroína. Su dispensación se va reduciendo hasta que llegue un punto en el que no sea necesaria su ingesta. El Referente habló con Carlos, un ex toxicomano en tratamiento de metadona.
"Cuando tomo la metadona no noto nada, a nosotros no nos hace efecto es algo que necesito" afirma. Carlos entró el tratamiento de metadona cuando le diagnosticaron el sida, él fue un afortunado, porque muchos de sus amigos adictos murieron. Tras su primera estancia en prisión por tráfico de drogas, decidió alejar la heroína de su vida.
Él ya encontró la estabilidad en su vida lejos del consumo desmesurado de heroína, pero tuvo que pagar una deuda del pasado con la justicia y en consecuencia retrasar su proceso de desintoxicación y tras ingresar por segunda vez en la cárcel recayó y tuvo que aumentar su dosis semanal de metadona. A los presos en tratamiento de metadona les dicen que van a hablar con su médico para darles su dosis correspondiente, pero es todo mentira, a todos les dan la misma cantidad.
Su vida ha dado grandes giros, con 18 años estuvo a punto de ingresar en una prestigiosa universidad norteamericana, "pero los acontecimientos siguieron su curso" y compatibilizó la carrera de Empresariales en Madrid con su adicción a la heroína.
Con 22 años Carlos se casó siendo ya un consumidor diario de heroína, dos años después su padre fallece y hereda una gran cantidad de dinero, un dinero que no le costó nada ganarlo, ni tampoco gastarlo. "Yo me drogaba hasta las orejas, he sido un gran consumidor de cualquier tipo de sustancia". Él empezó con 14 años en el colegio, donde se fumó sus primeros porros, que después cambiaría por el consumo de ácidos y pastillas hasta llegar a la cocaína y a la heroína. Primero "empecé con las drogas más blandas hasta llegar a consumir sustancias más duras", quizá porque "habitúas a tu cuerpo una sustancia y buscas otras más fuertes" argumenta.
"20 años perdidos"
No sabe porque se enganchó al consumo y no lo relaciona con la muerte de su padre como una forma de escudarse en las drogas. Carlos procedía de una familia asentada y no tenía dificultades para conseguir dinero para drogarse. Pero no era el único, "de mi círculo de amigos todos éramos de familias muy buenas, educados en los mejores colegios y formados en universidades maravillosas" y cayeron todos, de ese grupo han muerto la mitad.
Por el camino quedaron muchas cosas, sus amistades de la infancia y de la juventud, su mujer y su familia, hasta que llegó a perderlo todo menos la droga. "Llega un momento en el que te drogas para vivir, yo he perdido 20 años de mi vida, en los que que la droga era la única compañera de mi puta vida".Carlos siempre ha sido un apasionado del deporte, en especial del esquí y de las motos. "He estado 20 años sin hacer nada más que drogarme y he terminado siendo fan número uno de la heroína".
Empezó a gastar dinero de forma compulsiva en todos los vicios posibles. Recuerda un fin de semana en Salamanca, donde se encerró con su mujer, con tres amigos y con 25 gramos de heroína y con otros 25 de cocaína,y antes de que se les acabara la droga fueron a por más."Llegó un momento en el que todo en mi vida era consumir". Carlos no era consciente de dónde se estaba metiendo, "con veinte años yo pensaba que era inmortal" y no sabía del deterioro al que iba a llegar. Su dependencia a la heroína fue tan monstruosa que "llegó un momento en el que necesitaba consumir por la mañana para poder moverme de la cama". Era incapaz de poner un pie en el suelo nada más despertarse si no se drogaba.
"Llegué a pesar 48 kilos, parecía un muerto viviente"
"Yo le daba un cheque a un tío y él me traía la droga" que era su desayuno para poder afrontar un nuevo día. Son cosas que él ahora no entiende cómo llegó a eso, "que no entran en cabeza humana". Cuando salía de permiso de la cárcel y sólo pensaba en "meterse un chute". Es el círculo vicioso del toxicómano, en el que la droga está en el centro y todo gira en torno a consumir. El adicto es una persona sin motivación y sin voluntad, no quiere realizar ningún esfuerzo en su vida, en la que dentro de su escala de valores la droga ocupa todos los puestos. "Vivía para consumir y no reparaba en nada, pasaba por encima de todos; ¿de mis amigos?, es que tú no eres mi amigo; ¿de mi familia, es que me importas tres cojones".
El consumo ha sido una cuesta abajo hacia un pozo sin fondo para muchos de su generación. "A mí me decían que iba acabar en la cárcel y yo me reía". En un periodo de diez años Carlos sufrió un gran deterioro por el consumo de heroína, "llegué a pesar 48 kilos, parecía un muerto viviente", todavía recuerda como le señalaban por la calle.
Él asegura que no ha conocido a nadie que haya podido controlar el consumo, alguien que pueda decidir por si mismo cuándo va a consumir y cuándo no, pero sin egañarse. "Yo he conocido a gente que cree que ha llegado a controlar la droga", sentencia.
Llegó un momento en el que de tanto consumir no se podía ni mover. Carlos ya había tocado fondo y en ese momento con el apoyo de su familia, y en especial de su madre, inició su huída del mundo de las drogas. De vez en cuando vuelve a casa después del trabajo se le "abre la boca", ese gesto de bostezo le indica que el "mono" ha vuelto. Eso ya le trae unos recuerdos horribles de los 20 años perdió de su vida.


