
El pensador estético y artista plástico barcelonés Antoni Tàpies murió ayer en la capital cosmopolita de Cataluña, según comunicó su familia al ayuntamiento de la misma. Este mediodía se dará el último adiós al artista catalán más universal en estricta intimidad.
Nacido en el seno de una familia de clase media y tradición liberal en 1923, Antoni Tàpies abandonó la carrera de Derecho tan pronto como descubrió que quería dedicarse a la pintura, pasión que tuvo clara tras el impacto que le produjo, en 1934, el número de la revista 'D'Ací i d'allà'. También le llevó a conocer su propio deseo de crear la tisis que contrajo a los 18 años y la convalecencia en el sanatorio de Puig d'Oleana, donde leer a Dostoyevski o escuchar la música wagneriana le ayudaron a atravesar el dolor de una nueva manera.
Su trayectoria artística, que abarcó la pintura, la escultura y la teoría del arte español, le llevó a ser uno de los principales exponentes del informalismo en el mundo y uno de los artistas paradigmáticos del siglo XX en España. En su obra se repiten las cruces, las equis, el número cuatro y las T mayúsculas, que responden a los cuatro elementos y puntos cardinales.
EN TENSIÓN POR LA ARMONÍA
Los objetos del día a día y el cuerpo humano también son protagonistas en la obra del artista catalán que, a través de ella, demostró su preocupación por la sociedad, por el acontecer del mundo y sus circunstancias, por el compromiso con la democracia. Mediante su arte, y seguramente dentro de él, quiso unir puntos contrarios: el hinduismo, el budismo, la ciencia contemporánea, el misticismo…
Tàpies buscaba una armonía a la que trataba de llegar en una tensión constante. Sus pinturas siempre han dejado, como todo buen arte, un espacio al misterio, ese misterio que hace que una obra artística sea única, irrepetible y que, en última instancia, no se pueda llegar a comprender.
El artista realizó una rica aportación al mundo del arte, como ponen de manifiesto los numerosos premios que recibió a lo largo de su vida: el Praemium Imperiale de la Asociación Artística de Japón, el Velázquez de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura (2003), el Nacional de Artes Plásticas de la Generalitat (2005) o la Medalla de Oro de la Generalitat (1983). Además, el pintor recibió en 2010 el título de Marqués de Tàpies, otorgado por el rey Juan Carlos I por su contribución a las artes plásticas en España.
Más allá de las fronteras nacionales, la obra escultórica del artista catalán está presente en los espacios públicos de varias ciudades. Asimismo, es el artista español contemporáneo más representado en el MoMA.

