
Estados Unidos prevé enviar más de 1000 agentes, incluyendo 500 del FBI a las olimpiadas que se celebrarán en Londres en 2012 para “proteger” a sus atletas, según ha publicado The Guardian. Esto se debe a la desconfianza del gobierno estadounidense en cuanto al dispositivo de seguridad del que dispone la capital británica para el evento. Por su parte, Scotland Yard cree que Reino Unido posee una sólida estrategia de seguridad, lo que no ha acallado las voces que aseguran que el número de personal previsto para el acontecimiento no es suficiente para frenar un ataque terrorista.
En diciembre de 2010 el director ejecutivo de 'Londres 2012', Paul Deighton, declaró que a pesar de los recortes en el presupuesto de seguridad (953 millones de dólares, casi un cuarto del total), estaban “completamente confiados” de que todos los riesgos estaban contemplados. Asimismo afirmó que no tenía ningún conocimiento de ningún plan terrorista para los Juegos Olímpicos.
No es la primera vez que Estados Unidos lleva al límite su obsesión por la seguridad contra el terrorismo. En 2009 se produjo un atentado fallido en un vuelo entre Amsterdam y Detroit; la respuesta del presidente Barack Obama fue una revisión completa de las medidas de seguridad aéreas.
Esta decisión trajo consigo la implantación de la llamada “lista negra”, que incluía procedimientos especiales para los pasajeros procedentes de los denominados estados “patrocinadores del terrorismo”, como Cuba, Irán, Sudán, Siria, Somalia, Pakistán, Irak y Arabia Saudí entre otros. Por orden de la Administración para la Seguridad del Transporte (TSA), todos los pasajeros procedentes de estos países debían pasar por el polémico escáner de cuerpo entero, un registro corporal y una revisión a fondo de su equipaje.


