
"En otras universidades no te dejan hacer esto". Así se expresaba una estudiante de Derecho hoy en la Universidad Autónoma de Madrid donde, en estos instantes, se está celebrando una gran fiesta: San Canuto. Ya una tradición a la que la institución no le queda más remedio que adaptarse, el tercer jueves de cada mes de enero cientos de jóvenes de distintos ambientes se reúnen para compartir ratos de música, ocio, conversaciones, risas, bebidas, comida y, a veces, 'canutos'. La idea de crear la fiesta para manifestarse en favor de la legalización de la marihuana sigue en pie, pero no es, ni mucho menos, la razon principal por la que acuden tantas personas.
Agentes de seguridad en las rotondas y en los aparcamientos. Según uno de ellos, “para disuadir a los jóvenes; o, al menos intentarlo”. El agente, que ha querido mantenerse en el anonimato, se encarga de que la gente aparque bien para que puedan pasar otros coches y camiones.
FIESTA PARA TODOS LOS GUSTOS
Hacia las 11:30 la explanada se empieza a llenar, tímidamente, de estudiantes y no estudiantes que vienen a pasar un buen rato con sus amigos y compañeros. Se sientan en grupos y van trayendo bolsas en las que se transparentan botellas de bebida y aperitivos. ‘Calimocho’ y cerveza es lo más recurrido este día, que muchos relacionan con una jornada de relax y tranquilidad. Es el caso de Andrés, estudiante de Historia del Arte, que ha llegado a San Canuto justo después de un examen. Es la primera vez que viene, porque el año pasado le “coincidió con exámenes”. Andrés no consume cannabis; dice que la fiesta no es sólo para eso. En cambio, Víctor, que es amigo suyo, sí que fuma porros. ”Terminé exámenes ayer; he venido porque me lo ha propuesto mi amigo, aunque yo estudio en la Politécnica”.
El césped enfrente de las facultades próximas a la salida sur continúa llenándose, y en él se reparten grupos de personas de lo más diversos: universitarios que acaban de salir de clase, no universitarios que añoran esta fiesta y vuelven cada año y, de paso, plantan unos altavoces para que llegue a todos la música; jóvenes que no necesariamente estudian en la Autónoma que van con sus vecinos simplemente para pasarlo bien… O para vender, como es el caso del grupo de Alicia. Esta joven, que ahora está en paro, aprovecha la oportunidad de que vengan multitudes para poner en venta todo lo que sabe hacer: bizcocho de limón y de chocolate, gorritos de invierno tejidos por ella e incluso jabón- sí, jabón-, elaborado con las rosas del jardín de su casa. Todo ‘home-made’.
Tampoco faltan quienes han traído guitarras y micrófonos para cantar a quien les quiera (si es que la competencia no se lo impide) escuchar. Carlos, estudiante de Turismo en la UAM, ha venido con un par de amigos para divertirse y porque, en San Canuto, “hay libertad al máximo”, entendiéndolo como “hacer lo que te apetece, siempre que no estorbes”. Además, se refiere a esta jornada como una en la que “la Universidad pasa de ser un lugar de estudio a ser uno de ocio, a ser una zona donde poder desarrollar la libertad”. En alusión a esto, Carlos ha comentado que no es lo mismo ponerse a cantar en el centro de Madrid que en el campus, “porque en el centro enseguida piensan que quieres dinero, y no es eso”. Junto a él, que tiene 21 años, está su amigo Alberto, de su mismo barrio (Hortaleza). Lleva dedicándose “más de media vida a la magia”. Para demostrarlo, realiza algunos trucos mientras suena una música de fondo proveniente de algún rincón de la explanada.
SAN CANUTO PARA RATO
Mientras nos alejamos del epicentro, divisamos a un hombre vestido de verde y amarillo. Lleva un cubo de la basura. Está trabajando. Se llama Lucio, y lleva en ese puesto tantos años como tiene Carlos. A la pregunta de si le molesta que se celebre esta fiesta y si le supone más esfuerzo, contesta que “sí, mucho trabajo más. No me gusta que se haga, pero a todo se acostumbra uno”.
También nos cruzamos con un agente de seguridad de Renfe, organismo que hoy realiza un mayor despliegue de personal y refuerza medidas. A la una de la tarde todo está aún bastante tranquilo. “Va a ser necesario para más adelante, para que no la líen”, asegura el agente.
Pero todo esto es tan solo una parte de lo que se vivirá hoy en Cantoblanco, donde el aroma a marihuana es una constante y, sin embargo, la gente no va sólo a fumar, sino a compartir una vida que, a veces, sienten demasiado rutinaria. La fiesta suele alargarse hasta la medianoche, cuando sólo quedarán restos de lo que habrá sido este día en el que cientos de jóvenes buscaron un nuevo tipo de libertad.


