
La semana ha estado movidita en todos los terrenos de la actualidad. Entre la crisis económica que ya parece una constante, los problemas que está atravesando la ejecutiva del PSOE y la cruzada de Garzón contra el PP, Benedicto XVI impuso su palabra para que, por un día, todo lo demás no importase.
Benedicto XVI ha abierto un nuevo debate en torno al sida mediante las declaraciones que hizo en su viaje a África el pasado martes. El papa afirmó en su primera parada en Camerún que en la lucha contra el sida "no se puede superar con la distribución de preservativos", y profundizó en el tema puntualizando que "al contrario, aumentan los problemas".
Para el máximo representante del Vaticano, la "única vía eficaz para luchar contra la epidemia es una renovación espiritual y humana de la sexualidad". Del mismo modo, comentó que esta renovación debe ir de la mando de un "comportamiento humano moral y correcto", y que se debe arrimar el hombro para "sufrir con los sufrientes".
Con la palabra del papa queda expuesta la visión del Vaticano, que se opone al uso de cualquier método anticonceptivo y que condena el uso del preservativo, aún cuando sea con fines profilácticos. Para Benedicto XVI la solución pasaría entonces, por la abstinencia, temporal o total, para todos aquellos portadores del sida.


