
Era párroco y oficiaba en la pequeña localidad alemana de Schrobenhausen, en la Alta Baviera. Y, después de las misas, maltrataba sistemáticamente a los niños de una residencia infantil dependiente de la Iglesia Católica.
Así lo ha reconocido el Obispo de Augsburgo y obispo militar del Ejército Federal alemán, Walter Mixa, quien por recomendación del presidente de la Conferencia Episcopal alemana, Robert Zollitsch, ha puesto su cargo a disposición del Papa Benedicto XVI a través de una carta enviada al Vaticano.
La noticia ha sido publicada por el diario local 'Augsburger Allgemeine', que atribuye la dimisión de Mixa a su responsabilidad hacia el obispado.
Según el periódico, el obispo reconoce que las discusiones públicas sobre su persona han afectado negativamente a sacerdotes y fieles (al parecer, los partidos políticos exigieron inmediata dimisión cuando supieron de los malos tratos).
El diario hace referencia a la carta enviada al Papa, en la que Mixa, de 69 años dice: "A todos aquellos con los que pude ser injusto y a todos aquellos a los que he dado motivos de preocupación les pido hoy de nuevo perdón".
No obstante, cabe destacar que el obispo se hace solo responsable de propinar algunas bofetadas, lo que contradice las declaraciones juradas de algunos de los afectados, que hablan de "palizas brutales" a menores.
Además, Mixa está siendo investigado por un encargado especial de la Iglesia Católica y una oficina de abogados muniquesa por una posible malversación de fondos.


