
El terremoto que ha azotado Haití descubre para algunos lo que otros ya sabemos: la isla caribeña, el primer Estado latinoamericano que logró la independencia, avanza sin frenos a convertirse en un Estado fallido. Haití no se encuentra en peligro de caer en las garras de Al-Qaeda, como Afganistán, Somalia o Yemen, pero padece de otros males de igual o mayor calado. Como la incierta suerte de sus habitantes más jóvenes.Acudo al quiosco el pasado sábado y veo en todas las portadas de los principales diarios la conmovedora foto de un bombero vallisoletano que saca a un niño local de dos años, Redjeson Hausteen Claude, de los escombros de su casa en Puerto Príncipe.El pequeño ha estado sepultado dos días entre las ruinas de un edificio sacudido por el seísmo. Incomunicado, sin beber ni comer, sin poder ver la luz del día. Se trata, pues, de un verdadero milagro. Un ápice de esperanza en la dura situación que atraviesa la parte occidental de La Española, donde los cadáveres se amontonan en las aceras de las calles, descomponiéndose bajo el implacable calor tropical, los gritos de niños huérfanos que buscan a sus padres inundan las calles y los saqueos, tiroteos y enfrentamientos se suceden.Haití, una nación de unos 10 millones de habitantes, tardará mucho en levantarse. Maltratada desde su independencia de Francia en 1804 por continuas crisis sociales y políticas, amén de anteriores desastres naturales, es posible que Haití nunca haya estado realmente de píe en más de 200 años. Occidente acude ahora en su rescate con militares, alimentos, medicinas y demás provisiones que se amontonan en el aeropuerto de Puerto Príncipe, esperando a que alguien, quizá los marines estadounidenses, pongan un poco de orden. Pero los males de Haití son crónicos. Se hallan enraizados en los entresijos de la nación, muy por debajo de los escombros de su derruida capital. Sólo la mitad de los mayores de 15 años, por ejemplo, sabe leer y escribir, según la base de datos de la CIA. La misma proporción subsiste con menos de 50 centavos de dólar al día. Y en este desolador horizonte, la esperanza de vida apenas llega a los 52 años. La cadena británica BBC denunció en 2007 que unos 250.000 niños viven en régimen de semi esclavitud, entregados por sus necesitadas familias a hogares más prósperos, donde desempeñan todo tipo de tareas domésticas sin recibir dinero a cambio. Ellos constituyen el 2.5% de la población total. El niño Redjeson, ateniéndose a los números, tiene muchas papeletas para convertirse en un analfabeto hambriento que no alcance la tercera edad. Y gracias. Ahora ya lo sabemos. Sígue diariamente todas las noticias de la Fundación "Grupo 2013" en El Referente.


