
Samuel Pintos Arroyo es un joven de 28 años no tiene tiempo para aburrirse. Por las mañanas acude a la Facultad de Filología Inglesa de la Universidad Complutense de Madrid, aunque por las tardes, su tiempo libre y de ocio se convierte en el tiempo del trabajo extra. Ha empezado este año la carrera tras haber estado dos años viviendo en EE.UU, y para financiársela no le ha quedado otra que emplear sus tardes en trabajar.
De la clase de Historia de la Literatura Inglesa del siglo XX o las enseñanzas de Fonética y Entonación del Inglés, Samuel pasa a ocupar su asiento en las oficinas de una gran empresa de alimentación a nivel internacional como teleoperador. De la universidad directo a Alcobendas, cambiando los libros de Shakespeare por el teléfono. Y es que no todo son facilidades para muchos estudiantes. Los hay que viven del dinero de los padres y, más allá del estudio diario y las clases de la mañana o de la tarde, la diversión es lo único que ocupa su agenda. Pero no todos son así, y Samuel es un ejemplo de ello.
Para Samuel también existe el ocio y la diversión, aunque no en grandes cantidades. En su trabajo soporta un horario infernal colgado al teléfono hasta las 23:00 horas de lunes a viernes. Allí atiende a todos los clientes que hayan utilizado el servicio a domicilio de la empresa. “Hay momentos en los que la tensión es bastante elevada porque en general la gente llama reclamando y casi siempre con una disposición ya a discutir, con actitudes, en ocasiones, agresivas”, explica el propio Samuel.
Ante la pregunta de si le resulta difícil compaginar estudios y trabajo Samuel lo tiene claro, “en realidad sí, porque apenas tengo tiempo para dedicarle a los estudios. No es fácil” nos explica justo antes de marcharse a trabajar. La moraleja final parece la siguiente: un joven busca trabajo para poder estudiar, y al final es el propio trabajo quien le priva de tiempo para el estudio.


