
La vida de los mareros se caracteriza por el consumo de drogas, reuniones donde se relatan sus acciones así como la promiscuidad sexual practicada entre los hombres y mujeres que la integran. A los mareros se les identifica por sus tatuajes que cubren todo su cuerpo y por llevar ropas anchas, aunque cada vez más evitan esto para no ser identificados por la Policía. También utilizan todo tipo de armas cuando cometen sus crímenes.
Para poder pertenecer a una mara es necesario superar una serie de rituales donde demuestren su lealtad y su valía. Por ejemplo para entrar a formar parte de la mara 18, el iniciado deberá soportar durante 18 segundos los golpes de los miembros de la misma y cometer un asesinato para probar su lealtad. En el caso de las mujeres además se les exige la práctica del "donando amor". "Una vez yo andaba bien loca, y cuatro miembros de la mara me pidieron que me abriera de piernas. Yo les dije que no, que para eso me habían golpeado ya, y uno de ellos me dijo: mira loquita si no te abres de piernas te vas a arrepentir, mejor que sea por las buenas. Y yo que andaba drogada ¿qué podía hacer? Ni modo, no tenía otra escapatoria y pasaron los cuatro por mí", explicó una exmarera bajo anonimato por razones de seguridad.
Una vez admitido en la pandilla. su rango irá subiendo cuando más actos delictivos cometan. Robos, violaciones, asesinatos, extorsión y cobro de impuestos a los negocios, viviendas y transportes públicos son el trabajo que día a día desempeñan los mareros. "Todos los sábados llega a mi casa el mismo chico que no aparenta tener más de 12 años, exigiéndome el pago del impuesto. Sino cumplo, tanto yo cómo mi familia corremos el riesgo de ser asesinados", explica José vecino del El Mezquital , un barrio de la capital guatemalteco, y quién posee un pequeño negocio por el que tiene que pagar 150 quetzales (15 euros) semanales para no ser atacado.


