
Los jóvenes americanos lo tienen crudo si quieren que salga su ejército a flote ya que su mayor enemigo ya no es el contrario sino su salud. La obesidad juvenil en EEUU amenaza al país más militarizado del mundo.
Más de nueve millones de jóvenes, es decir, un 27 % de estadounidenses entre 17 y 24 años, sobrepasan el peso requerido para ingresar en el Ejército según datos de la investigación presentada esta semana por el colectivo de veteranos ‘Mission: Readiness’.
Estas cifras proyectadas al año 2030 suponen que la seguridad de EEUU es "absolutamente dependiente" del reto de disminuir las tasas de obesidad infantil en el país, como defendió en el Congreso el almirante retirado de la Armada estadounidense, James Barnett, según los medios estadounidenses.
La obesidad, por tanto, se convierte en un nuevo frente de batalla para las Fuerzas Armadas: los kilos de más son ya la primera razón médica por la que se rechaza a potenciales reclutadas. Pero no se convierte sólo en una cuestión de cantera. El Gobierno estadounidense gasta decenas de millones de dólares cada año en campos de entrenamiento para sustituir a los militares que son dados de baja del cuerpo por sus problemas asociados a esa enfermedad.
Cada vez son más los que suspenden en cuestión de forma física para el acceso al Cuerpo Oficial de las Fuerzas Armadas. Desde 1995 ha ido en aumento hasta llegar a un 70 por ciento.
Para lograr superar las pruebas se exige a los hombres un peso no superior a los 109,3 kilogramos y no más de un 30 por ciento de grasa corporal. A las mujeres, el listón se alza hasta los 117,4 kilogramos y el 36 por ciento de grasa corporal.
Las medidas que se tomarán vienen directamente desde arriba. La primera dama, Michelle Obama, se ha comprometido a cambiar los hábitos de los estadounidenses en un gran campaña nacional para educar a los pequeños y a las familias sobre la necesidad de comer sano y estar en forma


