
Tras la intervención de las ONGs se creó un debate en el que los periodistas coincidieron en que este no es el mejor momento para el periodismo solidario, puesto que la crisis está acentuando la precariedad de los profesionales y limitando la cobertura de temas relacionados con el desarrollo o la pobreza.
Otro de los puntos en los que se trató de aconsejar a las ONGs fue en lo relacionado a las notas de prensa que en opinión de lo medio deberían ser más originales, tener un enfoque más humano, por encima de la promoción de su marca, y enriquecidas con fotos, vídeos y otros formatos.
Por su parte, las ONGs reclamaron su valor como fuente de información válida y con credibilidad para contrastar noticias de diversas áreas (economía, política, sociedad...), y que la etiqueta de ONGs no les encasille por definición en la sección de sociedad, al margen del contenido de su comunicación.
También pidieron un esfuerzo para empatizar con la labor de los periodistas y sus ritmos de trabajo. Por ambas partes se aludió en varias ocasiones a hecho de acercar este tipo de temas poniéndoles nombre y cara en vez de hacer un trato tan genérico, aportando datos que se quedan en simples números y cifras que a la sociedad no le llegan tanto como una historia real con nombres y apellidos.


