
En 1917, siete meses antes del final de la I Guerra Mundial, una mujer se sentó en el banquillo para ser juzgada por una acusación de espionaje. Su delito fue causar la muerte de miles de soldados. Fue condenada y ejecutada por un pelotón de fusilamiento compuesto por 12 soldados. Cuenta la leyenda que estos soldados tuvieron que ser vendados para no sucumbir a sus encantos y que, antes de morir, lanzó un beso de despedida a sus ejecutores.
Mucho tiempo ha pasado desde entonces, y el encanto de Mata Hari y su manejo de la seducción para obtener información ha sido sustituido por otros métodos. Y es que tras la caída del muro de Berlín y las famosas palabras de Winston Churchill advirtiendo de aquel telón de acero que se cernía sobre Europa, la figura del espía ha evolucionado mucho.
Así lo cree el profesor D. Leopoldo Seijas, especialista en Defensa y Seguridad, cuando afirma que "antes los espías tenían que mojarse y trabajar sobre el terreno para obtener información que pudiera ser útil como movimientos de tropas o la posibilidad de ataques sin previo aviso"
Y es que, según Seijas, "para ello el espía tenia que conocer a la perfección el terreno sobre el que se movía, conocer su lengua, sus costumbres para pasar desapercibido, pero ahora todo eso ha cambiado. Ahora con un satélite se puede obtener mas información, se pueden ver movimientos de tropas y hasta el color del uniforme del capitán de un batallón".
La tecnología siempre ha sido un instrumento preciso para el espía. El mítico personaje de Ian Flemming, el popular agente 007 James Bond es un buen ejemplo de ello.
Cámaras fotográficas camufladas en la carcasa de un mechero, estilográficas asesinas capaces de disparar o micrófonos ocultos en un botón de chaqueta parecían cosas de ciencia ficción cuando actores como Sean Connery o Roger Moore los usaban en sus filmes.
Actualmente, estos objetos de "ciencia ficción" son tan sencillos de encontrar que cualquiera puede conseguirlos. Así lo corrobora el profesor Seijas: "Antes una cámara digital camuflada era algo que sólo agentes del Gobierno podían tener por su alto coste, ahora cualquiera la tiene en su teléfono móvil".
"No sólo eso, equipos de escucha usados para misiones encubiertas son ahora utilizados por cualquiera, ahí tenemos los famosos pinganillos para copiar en los exámenes, antes adquirir uno era costosísimo, ahora por cien euros los puedes encontrar en cualquier lado", añade.
La tienda del espía, un clásico en Madrid
Desde El Referente nos hemos puesto en contacto con una tienda especializada en este tipo de material para certificarlo. En el número 143 de la calle Alcalá se encuentra una de las varias tiendas que tiene en Madrid la franquicia 'La tienda del espía'. Allí pudimos hablar con Alejandro, gerente de la misma, a quien preguntamos sobre el tipo de cliente que acude habitualmente.
"El cliente que entra en la tienda normalmente viene con las ideas muy claras de lo que quiere", explica. "Hay muchos maridos y mujeres que sospechan de sus cónyuges y quieren algo que los ayude a ver si les están engañando, también hay muchos padres que quieren saber que es lo que hacen sus hijos", agrega.
A la pregunta de que tipo de objetos son los más demandados nos responde que "el producto estrella es el micro oculto, ya que te permite escuchar lo que está ocurriendo en un sitio determinado cuando no estas ahí".
Del mismo modo nos confiesa que en la tienda también tienen "almohadas anti infieles que graban hasta 20 horas de conversación", y que es ideal "para el marido que sospecha que le engañan, aunque el inconveniente es que no puede escucharla en tiempo real". "Para solventarlo -nos explica- tenemos el micro sim: una caja del tamaño de una moneda en la que introducimos una tarjeta de móvil y con una simple llamada escuchas todo lo que sucede alrededor".
Esta popularización de tecnologías, anteriormente reservadas a especialistas y profesionales de la seguridad, nos plantea la siguiente cuestión: ¿Dónde están los límites? Si todos podemos acceder a este tipo de objetos y espiar a nuestras parejas, hijos o jefes, ¿quién vigila al vigilante? ¿Se puede controlar la instrumentalización de las nuevas tecnologías para que no lesionen los bienes de las personas?
El profesor Seijas nos explica al respecto que "la explosión de la información y de las tecnologías que la producen y estimulan, especialmente aquéllas más avanzadas como las telemáticas (informática aplicada a las telecomunicaciones) está modificando las relaciones sociales y de producción".
Además, añade que estos avances "están condicionando incluso las pautas del comportamiento en la vida cotidiana y sus instancias más privadas, ya que hoy en dia cualquiera puede ser espía y obtener información y eso es algo que puede ser muy peligroso".

